Juan Luís Calbarro a “El Mundo” sobre “Vericuetos levemente accesibles”

“Verícuetos levemente accesibles”

Basar el discurso en Cioran, Groucho Marx y Buster Keaton garantiza resultados paradójicos, que quizá sea la única manera de aproximarse inteligentemente a esta realidad contradictoria que llamamos hombre. Fernando Megías lo deja claro en su último montaje. El viernes pasado presentó en Espai Fleming Vericuetos levemente accesibles, un “collage de historias fragmentadas en formato vídeo”, montaje de alta densidad conceptual que el mismo Megías describe como “una especie detotum revolutum –algo así como una coexistencia ilógica de las cosas– en forma de metáforas y aforismos visuales, que representan mentiras con aspiraciones de decir la verdad, aunque no sepa exactamente cuál”. Este barcelonés afincado en Palma lleva muchos años viviendo artísticamente: trabajando sin hacer ninguna concesión a la industria o al comercio y sacrificando la popularidad en el altar de la autonomía más arriscada. El fruto de su trabajo, divulgado casi siempre en forma de vídeo, libro o ambas cosas, constituye una de las mejores producciones del arte conceptual mallorquín.

No es frecuente conversar con un artista que ha reflexionado con tanta lucidez sobre la evolución del hecho artístico de Duchamp a esta parte. Para Megías, el arte solo tiene valor si se ejecuta desde el desinterés por su receptor. Seguimos conversando y se aviene a matizar: no es tanto desinterés por el receptor como por una relación mercantil con el receptor. Cuando se establece el comercio, el arte deja de ser arte para ser mercancía, y en ese momento los artistas dejan de ser protagonistas de su propia actividad. Aceptar que el verdadero artista no pueda aspirar a vender su arte es una apuesta arriesgada que no sé si comparto pero que, desde el punto de vista de la independencia del creador que con humildad máxima persigue aproximarse a nuestra realidad (“el ser es una ficción habitada por el deseo”, dice), resulta impecable. El Mundo-El Día de Baleares.

Juan Luís Calbarro

La mano y la mirada.

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